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AMOR EN LA BIBLIOTECA PÚBLICA
Blanca Suñén :: 4. agosto 2008 @ 14:57 - Comentarios (0) -
Para determinados asuntos, soy una mujer de las de antes. Por ejemplo: me fascinan las bibliotecas públicas. En mi casa hace tiempo que me enfrento a ese engorroso problema de tener más libros que estantes para contenerlos. Aún así puede que salga a comprarme unos pantalones de verano, ahora que estamos de rebajas, y lo más seguro es que no vuelva al hogar con los dichosos pantalones pero sí con dos o tres libros que no tenía pensado comprar, orgullosamente colocados bajo el brazo. A ese respecto es inútil hacer planes. Me pasa con los libros lo mismo que a Elliot con E.T.: Él vino a mí.
Las bibliotecas públicas me gustan sobremanera porque significan el encuentro con desconocidos que pueden hacerme una persona diferente. No voy allí con una idea determinada. Simplemente me paseo por sus pasillos a la espera de la llamada. Ellos vienen a mí. Un volumen alto y negro, elegante y bien vestido, con delicadas letras doradas sobre la solapa de su chaqueta -algo pasada de moda pero indudablemente refinada- me mira de reojo. Yo, que noto su mirada, acepto el juego de la seducción.
Me acerco, haciendo como que voy sin ir, como que voy al lado pero no a su lado… Y yo también miro de reojo las letras doradas: La magia del monje o el elixir de la vida. Alexander de Comeau. Ahora si acaricio directamente al bello objeto que me ha llamado hasta él. Un distinguido Valdemar con una hermosa ilustración hermética en su cubierta. Los dos nos estremecemos. Abro su chaqueta, elegante antes de ayer y elegante hoy mismo, hermosa desde mucho antes de que yo aprendiera a leer. Y aquí encuentro otro de mis placeres favoritos, tan tonto y tan misterioso en su explicación -es decir, inexplicable- como casi todos los gozos verdaderamente profundos: mirar en su carné de baile la última fecha en que alguien lo tuvo entre sus brazos. Mi Valdemar no ha bailado desde el 29 de diciembre de 2005. Demasiado tiempo para andar mal amado en lo alto de una estantería. Pues yo voy a mantener un romance con él, al menos durante el mes que tenemos concedido como permiso por las instituciones bibliotecarias.
Ya con mi nuevo amante recostado sobre la calidez de mi pecho, sigo andando por otros pasillos: fog- jaz; man- opi; ras- tuv… No sé con qué letra empezará el nombre de mi próximo cazador.
La ley de la biblioteca me permite ser razonablemente promiscua. Me lo puedo montar con tres. Alguien me chista, y miro hacia el lugar del que creo procede el sonido. Un pequeño, serio e inigualable muchacho azul me mira con orgullo. De su lomo sale una voz profunda, desterrada y extrañamente juvenil: Lo visionario fantástico. Cuentistas del XIX. ¡Ay, ladrón! Los dos sabemos que la atracción ya está templada.
Se trata de un Siruela, un Siruela de pura raza, abandonado a su suerte quién sabe desde cuándo. Así que yo, mujer de caricia fácil y lamentablemente emotiva, me acerco para hacerme la garante de saldar esa deuda con su pasado. Acomodo a mi párvulo amante con mi espigado seductor primero. Aún resta la tercera y última emboscada.
Son estos libros sobre relatos extraños, negros, chocantes y alucinados los que más me atraen en las bibliotecas públicas. Quizá porque, como sus autores, viven una existencia fuera de equilibrio o porque, como decían los alquimistas, siempre será el maestro quien encuentre a su discípulo y no al revés.
Las bibliotecas públicas están llenas de maestros, y lo verdaderamente excitante es esperar a que sean ellos los que te encuentren a ti.
El juego erótico de buscar, para que den contigo.
Blanca Suñén :: 4. agosto 2008 @ 14:57 - Comentarios (0) -
CANCIONES
Blanca Suñén :: 20. julio 2008 @ 16:46 - Comentarios (0) -
Escucho a los maravillosos Fairground Attraction mientras el mundo se derrite a mi alrededor y el termómetro parece pedirme un vasito de agua fría.
Ellos hablan de amor y desamores en esta mañana campestre en la que el cariño, si quiere llegar a la noche, habrá de resguardarse a la sombra de un álamo temblón.
Las canciones son árboles, son mañanas, son millones de besos calientes unos y fríos otros pocos. Cariños que protegen y que han de ser protegidos.
La alegría y la locura. El marchar a un lugar que no conoces y del que nada sabrás jamás, porque ya todo lo has soñado previamente.
Son canciones. Nada menos. Vivir para cantarlo.
Todos quisieran hacerlo, pero muy pocos son capaces.
Para crear canciones hay que pensarlas desde un lugar lejanísimo al propio corazón, de tal modo, que habrá de inventarse un nuevo coraje que narre esa distancia cardiaca. Viajar en un coche ajeno para ver desde la ventanilla del otro ese autobús que se aleja, a Dios sabe dónde, con nuestro cuerpo dentro.
La pena certera por un irrealizable final que, en el mejor de los momentos, creíamos que hermosearía nuestro rostro a lo largo y ancho de todas nuestras experiencias vitales. Aleluya.
La falda es mía mientras bailo un cómico vals con Fairground Attraction, y en la panza de una botella abandonada aún tintinean las risas de la fiesta de anoche.
Son canciones. Benditas sean las canciones y la humildad que nos permite reconocerlas como dueñas de nuestra risa y señoras de nuestro llanto.
No hay historia sin canciones, aunque ignoremos qué historias tienen las canciones que nos conmueven. Perdidas en la traducción. Un consuelo que nunca es el mismo para nadie, pero un humano amparo como ninguno hay en el mundo.
El primero y el último del millón de besos que recibiremos en la boca.
Aleluya.
En veinte minutos estaré en la taberna de Luci, tomando un aperitivo en la terraza, con mi hermano David y mi cuñada –hermana también- Gracia. Ellos me contarán su viaje al norte y yo les hablaré de mi fiesta de anoche. En ambos relatos existirán letras de canciones, palabras diarias teñidas de colores nuevos. Simpatía inabarcable y manos apretadas. Amor. Complicidad.
Con todo ello podríamos escribir una canción, pero no es necesario. Ella, nacida ya mucho antes que nosotros, será la que nos estará esperando impaciente, con la palabra en la boca y el corazón de punta.
Benditos. Benditos sean nuestros años por cobijar en sus horas tantas canciones viejas y tantas que aún no habrán nacido.
Cariños que protegen y que han de ser protegidos.
¡Ojalá que nos vaya bonito!
Blanca Suñén :: 20. julio 2008 @ 16:46 - Comentarios (0) -
MENUDO TRAGO
Blanca Suñén :: 19. julio 2008 @ 21:03 - Comentarios (0) -

Una buena amiga, una de las personas más inteligentes, afectuosas y divertidas con las que tengo la suerte de compartir mi tiempo, me dijo hace unos días que, quizá, me pasan las cosas que me pasan porque tengo muy pocas tragaderas. Pues puede que sí, que sea estrecha de esófago, pero a mi me parece más bien que lo que me falta no son tragaderas sino entendederas.
Tengo poco seso para tantas cosas como necesito entender.
Por ejemplo: hay personas que tienen una extraña forma de vivir. Se cuidan. No beben, no fuman, no salen por la noche con sus amigotes, y se acuestan a la misma hora en la que el común de los españoles está empezando a cenar. Todo ello, me malicio yo, con una única finalidad: levantarse en forma y muy temprano para aprovechar bien el día y dedicarlo, casi en exclusividad, a lamentarse por tener que compartir tal día con el resto de nosotros.
Estás personas suelen ser de rencor apretado y profundo, de una antigüedad tal en su malquerencia que sus orígenes han quedado enquistados más allá de sus propios recuerdos.
La vida de los demás se convierte para ellos en una sucesión de absurdos incomprensibles. La vida de los otros se les antoja una bofetada en la cara dada por un payaso sin ninguna gracia. La ajena vida les pesa más de lo que la propia les pueda pesar jamás. No desean conocer nada, no quieren regalar nada, ni escuchar, ni ser realmente escuchados. Les basta con hablar y contemplar sus indisputables razones.
Politicuchos corruptos y pendencieros, capataces arrogantes y embusteros, artistas cobardes y envanecidos. Amas de casa que hacen el ridículo en la televisión; niñas que cantan coplas como si su marido las hubiera dejado por una querida pelandusca y supieran lo que se siente; una panda de memos haciendo un coloquio para hablar de otras personas tan lerdas como ellos. Cantantes que desafinan. Tomates que saben a agua y pan que se desmiga al morderlo.
África mil veces asolada. África mil veces muerta de hambre canina. África millones de veces sin derecho a sobrevivir.
Las muertes del Estrecho. Chernobil. Amazonia. Perú. Colombia. China y las olimpiadas.
El fin de mes al que no llega la gente… España. España y sus héroes de carrusel deportivo.
Al final, el rencor de los imbéciles es lo que menos me preocupa no entender.
Tanto mi amiga como yo decimos bien: tengo tan pocas tragaderas como menguada tengo la sesera.


 

Blanca Suñén :: 19. julio 2008 @ 21:03 - Comentarios (0) -
DÍAS DE ESTRENO
Blanca Suñén :: 29. junio 2008 @ 20:15 - Comentarios (2) -

Tras el estreno de los niños me fui a Mérida, a estrenar para los mayores. Así que, después del sobreesfuerzo que realicé tratando de llegar a la meta durante los meses de mayo y junio, caí en la cuenta de mis cincuenta años, y me postré sin opción en una especie de duermevela que fue más bien un duerme que un vela. Agotamiento puro y duro del que hube de rendir cuentas.
Pero ya estoy mucho mejor, gracias.
Así que les hablaré del estreno de los niños, ya que el estreno en el Festival de Mérida -vivido entre viejos amigos, reencuentros maravillosos y un trato a cuerpo de rey por parte de la organización- fue tan delicioso que aún lo estoy saboreando de forma muy personal.
Bueno, pues mis pequeños actores estuvieron de primera. Las EXTRAÑAS TRILLIZAS CANTARINAS hicieron una asamblea antes del debú y la sangre no llegó al río. Efectuaron –las tres- una breve pero impresionante versión de una canción que, a juzgar por cómo era coreada entre el público infantil, debe ser un hit entre los consumidores de cinco años; su título: El telefonito es una necesidad.
Los científicos demostraron que hay mil maneras inimaginables de exprimir un limón. La más celebrada fue la que presentó Diego, bajo su papel del científico MISTER JONES: no hay que darle vueltas al limón, sino al aparato exprimidor que colocamos bajo él. Si esta operación se realiza con sumo cuidado el limón queda perfectamente exprimido. Otra cosa es que queramos aprovechar su zumo, que no. No, porque la mayoría del jugo se queda en la manga de la bata. Pero se trataba de un experimento y ya se sabe que sin error no hay triunfo.
En cuanto a SUPERMAN, nos sorprendió a todos llegando vestido de Spiderman y asegurando, no obstante, ser realmente Superman. Así que Superman disfrazado de Spiderman se marcó un baile del Chiki Chiki, con el que sin duda alguna hubiéramos escalado algún puesto más en Eurovisión.
LA ARDILLA VOLADORA DE MURCIA nos contó su triste y extravagante historia de la barbacoa que la dejó sin bosque, obligándola a salir a recorrer mundo. Como era extranjera, en un momento dado se puso a hablar en su propio idioma, el ardivolamurciano, lo que desconcertó de forma evidente al público que se perdió en varios pasajes de su monólogo. Pero a esas alturas el respetable ya estaba entregado con nuestros actores y todo quedó perdonado a juzgar por la enorme ovación con la que fueron despedidos.
Y los mayores, ¡ay, que tíos! ¿Se acuerdan Uds. de AZUCAR MORENO en Eurovisión, cuando les falló la música y tuvieron que volver a empezar? Pues lo mismo nos pasó a nosotros. Llevábamos unos cinco o seis minutos de representación cuando en un momento fundamental –la entrada de los macarras- falló el sonido. Para arreglar el desaguisado hubo que interrumpir la representación durante diez minutos y volver a empezar. Cualquier actor curtido sobre las tablas se hubiera echado a llorar ante semejante catástrofe. Mis chicos no. Mis chicos, tras varias veces de gritarse a si mismos: “¡No pasa nada, no pasa nada! ¡Mierda, mucha mierda, mierda, mucha mierda!” (esta parte de la tradición teatral les encanta, ya que nadie les puede regañar por ser unos groseros), volvieron a empezar como si tal cosa y sin equivocarse ni en una coma. Siempre decimos los actores que cuando uno se lo pasa bien sobre el escenario es cuando transmite al espectador todo el arte que la función encierra. Y mis chicos se lo pasaron bomba. Se les notaba. Disfrutaron y el público lo hizo con ellos. La función fue saludada con aplausos en muchos pasajes y con risas de forma casi continua.
Yo, claro está, me emocioné. Y es que, de verdad se lo digo a Uds., estuvieron soberbios. Actuaban de una forma consciente, concentrados para no “perder” el personaje, para ayudar al otro si se le iba la letra, pendientes en todo momento de las acciones escénicas y de entrar en los efectos musicales.
Una verdadera delicia.
Creo que la única diferencia entre estrenar en el Colegio Montelindo de Bustarviejo o en el Festival de Teatro de Mérida es que en el primer caso mi ego no existió por ninguna parte, y sólo estaba pendiente de que para mis chicos la experiencia fuera inolvidable; en el caso de Mérida, mi ego no pudo evitar estar pendiente de lo que dirían los periódicos en los días sucesivos.
En Bustarviejo no importan los días siguientes: toda la felicidad del estreno se concentrará para siempre en esas dos horas de festival extraescolar. En esas dos horas de pura felicidad y de auténtico triunfo.


 

Blanca Suñén :: 29. junio 2008 @ 20:15 - Comentarios (2) -
ARRIBA EL TELÓN
Blanca Suñén :: 10. junio 2008 @ 22:02 - Comentarios (0) -

Dentro de dos días estrenamos. Y, como el mundo de los mayores se parece extrañamente al de los chicos, hemos tenido la típica crisis que se tiene en las compañías teatrales justo antes de levantar el telón por primera vez.
Imagínense Uds. que se nos han ido dos actrices a una semana del estreno.
Me lo dijeron así, cómo quién no quiere la cosa, entre risas y nervios tontos. A mí, maldita la gracia que me hizo, claro está. Pero son niñas y no denuncie a ninguna a la magistratura del trabajo, tan sólo les dije que tenían que ser ellas mismas quienes lo comunicaran a sus compañeros.
Lo hicieron en voz baja y medio muertas de miedo. En realidad lo que les salvó la vida fue el amor que Álvaro siente por Sara. Mi querida niña tenía ya los ojos húmedos ante la noticia, cuando él la dijo: “Sara, ni se te ocurra llorar, que te conozco, y me pongo fatal”. Todos se volvieron entonces para mirar a Sara, lo que dio tiempo a las dos traidoras a salir huyendo hacía el polideportivo. Y menos mal, oigan.
No había pasado ni un segundo cuando todos gritaron: “¡A por ellas!” y salieron como almitas divinas que lleva el diablo de los niños. Yo les grité que ni se les ocurriera ponerles la mano encima, a lo que Lilia me contestó: ¡”No te preocupes, profe, si no vamos a pegarlas, solo queremos insultarlas!”.
No las encontraron. Ya no había ni rastro de ellas.
Los niños saben cual es su mundo y cómo guardarse de sus amenazas.
Lo que nuestras actrices huidas quebrantaron lo llaman la Ley del Recreo.
El caso es que no cundió el desánimo.
Yo les expliqué que en teatro hay una ley no escrita: pase lo que pase, siempre hay que le levantar el telón.
Así que empezamos a tirar de agenda. De la de los niños, claro está, porque los nombres de la mía seguro que querrían cobrar. Además, por muy bien que se conservarán mis actrices elegidas, y por muy Stanilavskianas que fueran, mal darían como alumnas preadolescentes del colegio de Bustarviejo.
Al final dimos con la solución: Andrea y Carol seguro que estarían encantadas de ayudarnos. Me gustaría que hubieran visto a Sara hablando con sus amigas y explicándolas el pastel. Gracias, Dios mío, por haberme hecho vegetariana.
Hoy hemos realizado el primer ensayo con “las nuevas” y ha ido muy bien. No les voy a engañar: sé que necesito un público bien dispuesto, pero también sé que lo voy a tener.
Y la única verdad de todo esto es que mis niños están formidables. Se han repuesto a un inconveniente de profesionales sin serlo, y sin derramar una sola lágrima. Han entendido lo que es la diversión y la responsabilidad a parte iguales. No han matado a nadie y siguen riéndose, sin poder evitarlo, en la misma parte de la obra: en aquella en la que tienen que hacer de bailarines macarras.
Estrenamos dentro de dos días y prometo vivir para contarlo. Seguro que va a merecer la pena.
Además, ¿qué se creen Uds.?… Los pequeños también han tenido su sorpresa de última hora. No les digo más que me parece que LAS EXTRAÑAS TRILLIZAS CANTARINAS van a debutar cómo LAS EXTRAÑAS GEMELAS CANTARINAS.
Ya les contaré, ya.
¡Mucha mierda para todos!, que se dice en nuestro oficio.

Blanca Suñén :: 10. junio 2008 @ 22:02 - Comentarios (0) -